SÍNDROME DE ACUMULACIÓN COMPULSIVA (SAC)

Consiste en guardar todo tipo de objetos con la falsa esperanza de que nos resulten útiles en un futuro. La acumulación de objetos se produce de forma progresiva y prácticamente se considera dentro de la normalidad almacenar cosas cuyo valor útil ya se ha superado por una vinculación emocional que no nos permite desprendernos de ellos. La acumulación de objetos es directamente proporcional al espacio que dispongamos para guardarlos, es decir, no acumula lo mismo una persona que vive sola en un estudio, que una familia que tiene su propia casa, cochera, trastero, almacén ... Las razones por las que acumulamos objetos pueden ser muy variadas y, en parte, coherentes:  

- Lo guardo por si acaso lo necesito: consiste en almacenar objetos pensando que en un futuro nos pueden hacer falta. Por ejemplo: muebles, electrodomésticos viejos... Y no nos damos cuenta de que todo evoluciona tan rápido, que esos objetos en un futuro ya no servirán de nada.

- Lo guardo porque me lo regalaron: el tema emocional acaba apoderándose de la razón, y guardamos objetos inútiles (o que no nos gustan) simplemente porque alguien nos los regaló con ilusión. Y nos sabe mal desprendernos de ellos por si le molesta a quien nos lo ha regalado. Por ejemplo: artículos de decoración, tecnología barata, etc. Al final lo guardamos por compromiso.

- Lo guardo porque me costó mucho: es el caso de artículos que se compraron en su momento por un precio considerable y que ya no se usan. Son los típicos "caprichos". Por ejemplo: un equipo de buceo, una bicicleta, bolsos de Carolina Herrera, etc. Antes de venderlos por poco, preferimos guardarlos en el trastero o en el armario.  

- Lo guardo por si acaso alguien lo necesita: típico de las madres y padres, que guardan cosas creyendo que a sus hijos les hará ilusión tenerlos. Por ejemplo: una cuna o un carro de bebé para los nietos, juguetes, etc. Objetos que hijos o nietos considerarán pasados de moda, poco útiles y que más que un regalo, les supondrá una carga (y serán ellos quienes lo guardarán por compromiso).

- Lo guardo porque es único: son objetos de coleccionismo que no se usan por miedo a estropearlos. Por ejemplo, la vajilla de la abuela, que es solo para ocasiones especiales. Y cuya única utilidad final es la decoración y la acumulación de polvo. 

- Lo guardo porque más adelante valdrá mucho: se trata de artículos singulares que acumulamos creyendo que en un futuro nos sacarán de un apuro económico al venderlos. Y creemos que por ser antiguos aumentarán su valor, y no vemos que de estar en la cochera o el desván, se están estropeando y perdiendo su posible valor. Por ejemplo: tecnología (televisores en blanco y negro, tocadiscos ...),  libros guardados en cajas, etc.

- Lo guardo porque me trae recuerdos: son aquellas cosas cuya vinculación emocional nos impide ver su valor o utilidad real. Como ejemplo podemos nombrar los peluches de la infancia, la primera moto ... Pueden estar rotos, sucios, etc. y no acordarnos de ellos en años, pero sólo encontrarlos buscando otra cosa, nos produce satisfacción. Y muchas veces, alergia, por el polvo acumulado.

- Lo guardo porque no me molesta: venderlos, moverlos, regalarlos o tirarlos ya supone un trastorno y por eso se van acumulando uno encima del otro. Son los típicos trasteros donde no se sabe ni lo que se tiene.

¿CUÁNDO SOMOS CONSCIENTES?

Normalmente nos damos cuenta de que estamos rodeados de artículos poco útiles cuando necesitamos hacer sitio para guardar nuevos objetos y decidimos limpiar u ordenar habitaciones, trasteros, etc. Entonces los viejos objetos almacenados pierden repentInamente su valor emocional y ya molestan. Al final los acabamos regalando o malvendiendo para hacer sitio. O peor aún: nos damos cuenta de que por la humedad, el polvo, las ratas ... se han estropeado y ya no sirven de nada. Y acabamos tirándolos.

También sufrimos la gran revelación al realizar una mudanza: sólo por no hacer el traslado, muchos objetos acaban en el basurero. Y conforme aumenta la distancia del transporte, también aumenta el número de objetos que se quedan por el camino. Por ejemplo: una pareja que se vea obligada a desplazarse al extranjero en busca de trabajo, sólo podría llevarse un número limitado de objetos en la maleta: ropa y poco más. Muebles, libros, electrodomésticos ... todo acaba en casa de los padres, de amigos, regalado...

SOLUCIÓN

Podemos evitar la acumulación compulsiva y, a la vez, sacar beneficio económico al vender aquellos objetos cuya utilidad para nosotros ya no es necesaria, mientras los objetos conserven aún un cierto valor económico para otras personas. Siempre es mejor vender los productos por un precio moderado (recuperando parte de la inversión inicial) que acabar tirándolos por estar deteriorados o regalarlos solo por quitárnoslos de encima.

Al vender varios artículos que no usamos podemos conseguir una suma total que nos permita cubrir otra necesidad o capricho.

EJEMPLOS:

- Tengo 100 vinilos de música en la estantería cogiendo polvo y hace años que no los escucho porque uso el mp3. Si los vendo por 200€, me puedo comprar un buen equipo de música.

- Quiero cambiar de bicicleta, televisor o móvil por uno mejor. Como me lo voy a comprar igual, con lo que saque al venderlo tengo para accesorios o para cubrir parte de la inversión

- Dos novios que viven cada uno en un piso, deciden juntarse y convivir en uno solo. Vendiendo el mobiliario que les sobra, tienen para hacer un viaje juntos. 

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